La limitación de nuestra capacidad de percibir la realidad
Hay sucesos que pasan por encima de nuestra capacidad de captación y el motivo no se halla en los propios sucesos, sino sólo en la limitación de nuestra capacidad de percepción o de nuestra conciencia. Hoy se sabe que la realidad tiene más dimensiones de las que imaginamos. Las ondas sonoras las consideramos reales, porque hacen resonar nuestro tímpano. También sabemos que un murciélago se orienta por el eco de ondas ultrasónicas y aunque no veamos nada de esto, sabemos que es real.
Ciertas personas tienen percepciones extra sensoriales o clarividentes. Con la percepción de la realidad de Dios ocurre algo parecido: se sustrae a nuestros sentidos. Sin embargo algunas personas tienen un sentido especial para mundos elevados, por ejemplo los místicos y los profetas, los cuales entran en contacto directo con el mundo espiritual. Cuando ellos dicen lo que experimentan, chocan con los diversos grados de conciencia de las otras personas. Algunas oyen sólo la voz y creen que sólo habla éste. Otras aceptan que sea Dios el que habla a través del profeta, y entonces se hallan ante la decisión de dejarlo estar o de abrir su corazón. Si se arriesgan a esto último, pueden experimentar que la palabra les llega hasta lo profundo de su ser. Desde hace 35 años la humanidad se ha acercado a un acontecimiento extraordinario; un suceso que se ha producido en repetidas ocasiones, y que actúa como luz cósmica sobre los ojos y oídos de los testigos: la manifestación de Dios dada a través de Su profetisa, Gabriele en Würzbug, Alemania. La corriente invisible de luz transforma la vibración de una gran sala tocando a las más de 2000 personas en lo más interno de su ser: no en una emoción superficial, sino en la profundidad y el silencio del alma.
No olvidemos que la percepción de la realidad depende de que tengamos un órgano para ella y de que estemos dispuestos a utilizarlo. Expresado de forma bíblica: “Quien pueda captarlo, que lo capte...”
Trascripción de algunos párrafos de una manifestación de Dios, del libro La campaña de guerra de la serpiente y La Obra de la paloma. Editorial Das Word:
Hijo Mío, ahora te encuentras en vestido terrenal; pero ¿qué importa la envoltura externa, si tu interior está en la luz de la Verdad? Hijo Mío, si estás en la luz de la Verdad, el destello redentor se ha unido a Mí, la Luz Primaria, y tú eres de nuevo conscientemente hijo o hija de Mí, tu Padre. Pero mientras vivas en las imágenes engañosas de la materia, te apartas una y otra vez de la Luz Interna, de Mí. Por eso más de un hombre no puede captar que Yo, el Eterno, hable a los Míos. Hijo Mío, tanto si dudas como si eres incrédulo: ¡Yo hablo!
Pues Yo Soy el Dios que habla en la profundidad de tu alma. Yo Soy el Dios que habla en todos los soles y astros: Yo Soy el Dios que habla en cada planta, en cada piedra, en cada animal. Yo Soy el Dios que habla en cada gota de agua, en cada irradiación de los astros. El infinito, el Universo, Soy Yo –y tú, hijo Mío, llevas como esencia la totalidad del infinito, todo ser, en ti, en el fondo de tu alma.
Juan Lama Ortega
www.radio-santec.com


