La ética y la probidad no puede ser "el raspado de la olla"

En la actualidad la ética se ha traspapelado, mal entendiendose que el poseer es mucho más importante que el ser, para ser supuestamente respetado

Imagen de Andrés Gillmore Evers
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26 de Mayo, 2016 19:05

El miércoles 25 de mayo se podría decir que se marcó un hito en Chile, en una misma mañana comparecieron ante la justicia por faltas a la probidad, cohecho y ética, congresistas y un militar de alta graduación. La semana recién pasada, dos diputados de la república, miembros de partidos de centro izquierda parte de la Nueva Mayoría, renunciaron a sus respectivos partidos (DC-PPD), por no sentirse representados en la forma en cómo actuaban sus partidos. Los que comparecieron ante la justicia tenían un denominador común, se les acusa de cohecho y codicia. Los políticos renunciados acusaron también a sus partidos políticos por desarrollar codicias personalistas y sumaban a sus razones malos manejos, clientelismo y falta de probidad a la hora de poner en práctica el discurso partidario.

Es indudable que el complejo mundo del “servidor público” ha sido completamente desbordado por la globalización y el mundo de las comunicaciones, produciendo serios inconvenientes en las formas de como se venían desarrollando y con serias implicaciones en la economía, la política y los objetivos sociales que decían tener los gobiernos de turno, de una manera que nunca imaginamos, poniendo en tela de juicio formas, procedimientos y objetivos. La ética en todas estas instancias, están inmersa en un trasfondo sorprendente, donde pocos han tenido la capacidad de aplicarla y pocos han sabido distinguirla, traspapelada al parecer en la década de los noventa; cuando en teoría si existía. Pero eso es solo una suposición que no podemos confirmar.

Uno de los aspectos más fundamentales en torno a la ética y como ella debe guiarnos, es que de una u otra manera, debemos tener la capacidad de sustentamos en ella para tomar decisiones y dictaminar las formas en que hacemos cultura y desarrollo, marcando la racionalidad en los actos y las decisiones que llevamos a cabo. El hombre se hace a sí mismo a través de la autodeterminación ética del hacer, en relación directa con su libertad, seguridad, respeto al prójimo y si mismo y ser la base de lo que es y representa ante lo público y lo privado, bajo normas integrales de reglamentos que constituyen el objetivo de la ética en sociedad, que no es otro, que moldear la forma del individuo social en relación con sus pares.

En el pasado los políticos fueron considerados honorables y  lo mismo podríamos aplicar a los grandes empresarios. Esa honorabilidad iba en estricta relación con la proyección de las acciones emprendidas, que les otorgaba respeto, dignidad y la buena opinión de la sociedad como tal. En la actualidad la ética se ha traspapelado, mal entendiendose que el poseer es mucho más importante que el ser, para ser supuestamente respetado. Eso a fin de cuentas nos ha estado destruyendo éticamente y moralmente, como parte de un modelo que instituyo que el tener era por sobre todas las cosas la sustentación para ser.

 La percepción de la realidad y lo que esperamos de ella, ha cambiado sustancialmente con el paso del tiempo, el tan recordado ayer donde la palabra lo era todo, ya no es. Haciendo que el complicado hoy, se transforme en la implicancia natural de la perspectiva ambigua de la manipulación de la información, superpuesta en las redes sociales, que cambio totalmente la forma en cómo nos relacionamos, permitiendo que nos enterarnos de situaciones que antes quedaban en la más absoluta clandestinidad.

Uno de los reclamos ciudadanos más vigentes en la actualidad, es la poca atención que la ciudadanía recibe de los gobiernos en temas y decisiones trascendentales. Comúnmente los gobiernos toman decisiones que no consideran lo que dicen representar, con decisiones que no tienen perspectiva de futuro, respondiendo al inherente inmediatismo, que normalmente son manipulados al interior de los gobiernos por los intereses de los grupos de dominación económica, creando una insatisfacción que destruye las expectativas y crean el encomio social.

La insatisfacción del día a día en cómo se solucionan las demandas, sumado a la falta de líderes confiables, eticos y probos, aliado a la falta de expectativas de la ciudadanía en general, que sabe que posiblemente les traerán soluciones a medias y no del todo claras, produciendo insatisfacción y un estado de ánimo tal, que lo empoderan hacia el cambio social, estimulado por instituciones regidas por una serie de antivalores, que impiden la eficiencia y el funcionamiento como corresponde para lograr los cambios que realmente son necesarios.

Las demandas sociales han rebasado la capacidad de respuesta de los gobiernos, se echa en falta una mejor preparación de los gobiernos ante los nuevos desafíos, creando la nefasta sensación que la administración gubernamental no representa lo que debe representar, que es lenta, ineficaz y ineficiente, indisponiendo constantemente por los continuos escándalos de corrupción del mundo político y empresarial, desacreditado al personal público administrativo también, haciendo que la imagen de las instituciones este seriamente afectada.

La corrupción no es más que la conducta deshonesta y la falta de ética del funcionario público en la toma de decisiones, sustentado por un modelo carente de control efectivo, con la posibilidad cierta de permitir todo tipo de aberraciones administrativas. Desarrollando una avaricia y un extractivismo funcional del modelo económico totalmente disfuncional, como parte del día a día de una organización o de una repartición pública, acostumbrada a apoderarse de lo que no le corresponde, ante una situación que se reconoce en el mundo político como el “raspado de la olla”

La ética en la función pública es de vital importancia para el desarrollo consecuente y sustentable de una sociedad que se prece y quiera proyección de futuro; como eje central debe tenerse la perspectiva de un servicio público probó a como de lugar, en tareas y actividades orientadas al bien común de la sociedad. La ética en la función pública, es la ciencia del buen hacer puesto al servicio de la ciudadanía y es el mejor mecanismo de autocontrol ante la arbitrariedad del poder en la toma de decisiones y para el mantenimiento de la confianza de la sociedad, transformado la ética en una expresión social, para elevar la calidad de la gobernabilidad y la eficiencia objetiva en la gestión de los asuntos públicos.






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