Nelson Ávila: "Yo he fumado marihuana por curiosidad y me gustaría, si me dan ganas, poder hacerlo"

En entrevista exclusiva, Nelson Ávila, ex senador de la República nos habla de su vida, sus pasiones, sobre la política, pero sobre todo de su nueva incursión: Twitter.
Imagen de Red Mi Voz
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08 de Mayo, 2010 23:05
Por Patricia Sáez.

¿Twitter, la nueva literatura?

Twitter para mí ha sido un hallazgo. Están investigando qué es primero o qué nació en primer término, si twitter para Ávila o Ávila para twitter. Mientras se dilucida, yo lo que puedo señalar es que a mí me parece un invento que ya está revolucionando las comunicaciones y en un breve plazo se va a convertir en una herramienta de fiscalización ciudadana que yo pretendo utilizar a concho.

¿Hará campaña nuevamente?

No. Yo ya cerré un ciclo. No regreso al ámbito en que me desenvolví. Eso ya es definitivo. Empiezo a caminar sin rumbo fijo por un desierto que está salpicado de oasis y, por lo tanto, no tengo una exacta claridad sobre dónde voy a recalar. Lo único que ya tengo meridianamente claro, es que voy premunido de una brújula llamada twitter

¿Qué busca Nelson Ávila en twitter?

Nelson Ávila en twitter busca tener una tribuna y ya la consiguió. A partir de twitter, Nelson Ávila ha conseguido un podio cibernético, desde el cual habla al país y al mundo. Ya tiene 16.500 seguidores y el crecimiento es sostenido. Cuando alcance las cotas de Obama o de algunas luminarias de Hollywood va a ser una de las voces más potentes y de mayor repercusión.

Si busca tribuna ¿qué es lo que entrega en twitter?

A twitter le aporto una mirada distinta y además un sentido del humor muy especial y el sarcasmo como arma de defensa para aquellos que se soliviantan.

¿Cómo es Nelson Ávila, cuáles son sus defectos y sus virtudes?

Yo sólo cultivo mis virtudes y una de ellas es olvidarme de mis defectos. Diría que soy un sujeto que ha demostrado poseer una vocación de servicio público y al mismo tiempo un compromiso efectivo con las causas en las que cree. Siento que inauguré en Chile un tipo de fiscalización completamente nuevo, que nunca se practicó en el país. Esto es convertirla en una herramienta ciudadana por encima de los intereses partidarios. Siempre en Chile los diputados que eran de oposición ejercían un cierto control sobre el gobierno y a los que estaban en el poder, jamás se les pasaba por la mente hacer uso de esa herramienta, sino que no hacían otra cosa que cavar trincheras para ser la primera barricada de defensa del gobierno del cual formaban parte.

Yo tuve la virtud de saber desprenderme de los intereses partidarios para ir al fondo de los temas que tenía entre manos y fue así como me convertí en un fiscalizador insigne que en su minuto tuvo reconocimiento, pero que sobre todas las cosas, tuvo ataques despiadados. Desde luego, soy de los parlamentarios más querellados del país y sólo me ganó por unas pocas, “el caballero”, pero por razones muy diversas.

Yo creo que en ese sentido hice un aporte. Por otro lado, también algo que en el mundo político nadie lo va a reconocer y si no lo digo yo, simplemente, no se comenta: soy el único candidato que en todas las elecciones no ha aceptado contribuciones empresariales para su campaña, en defensa de la independencia que un parlamentario debe tener respecto de esos intereses. Enfrenté campañas multimillonarias y aún así estuve muy cerca de conseguir el triunfo en la última, pero ahí me di cuenta que lo que vivíamos en Chile ya era una democracia de mercado.

Considerando esta democracia de mercado ¿Qué pasa con el desarrollo de una vida política que está cerrada? ¿Se consiguieron los logros? ¿Se pierde la mirada en esta democracia de mercado?

Yo miro mi pasado reciente con ojos benévolos, porque no cedí en cuestiones fundamentales de principios. Todo lo que a mí me pasó fue por defender valores, por ejemplo, la vez que yo fui expulsado del PPD se debió a la defensa irrestricta que hice en el Senado del Principio de Probidad Pública y de Transparencia. Como se recordará, yo enfrenté a los hermanos Zaldívar por participar la discusión y luego votar un Proyecto de Ley que les beneficiaría de manera directa. Fui el único voto en contra. El único que se opuso tenazmente a aquello, que lo denunció y que removió todo lo que podía para que en definitiva prevaleciesen los principios y no los intereses particulares. Las réplicas de aquel terremoto fueron las que más me afectaron en lo personal. Vinieron las revanchas, porque el aparato político, los cenáculos del poder, son transversales a la hora de defenderse corporativamente. Nélson Ávila fue siempre un escollo, una piedra en el zapato –o para hacerlo todavía más gráfico- un grano de arena en el preservativo.

¿Y cuál es la mirada ahora? ¿Es más desafortunada para los chilenos que dependemos de los políticos y las decisiones que tomen? ¿Ahora que todos son fiscalizadores, pero pocos fiscalizan?

Hubo imitadores, pero la inmensa mayoría con rabo de paja, en el momento mismo que se acercan a la candela, quedan descubiertos. Yo digo siempre que el destino es juguetón y nos reserva sorpresas. ¿Quién sabe si el Nelson Ávila que descolló como fiscalizador en el ámbito parlamentario renace en las redes sociales y, de hecho, ya comienza a notarse el peso que significa contar con más de 16 mil seguidores.

¿Cómo lo ha notado? ¿Algún ejemplo?

Porque lo que yo vivo causa repercusión. Hice una protesta en contra de una empresa de comunicaciones y tuve centenares de respuestas, coincidiendo con lo que yo señalaba y muchas, haciéndose parte, o bien, dando cuenta de alguna otra experiencia.

La empresa en cuestión no demoró prácticamente nada en establecer contacto directo conmigo para asistirme en todas las formas que fuere posible y de hecho, he estado recibiendo un sinnúmero de llamadas de evaluación de lo que hicieron para mejorar aquello que yo estaba cuestionando, ni siquiera cuando era senador suscité una reacción tan instantánea. ¿Qué quiere decir esto? Que las redes sociales se están transformando en una herramienta de extraordinario poder y cuyo alcance todavía no es suficientemente medido.

Yo lo hago todo el día. Voy respondiendo lo que me llega, dando una pincelada de ironía, lo que vaya surgiendo de la contingencia –la jueza me ha servido maravillosamente en ese propósito- y así, todos los días hay algo que me alimenta la imaginación para poner la impronta de Nelson Ávila en Twitter.

Me siento un precursor del uso de esta herramienta en términos conservadores en su forma. Me explico, los tuiteros charquean el idioma constantemente, es decir, asimilan palabras, se comen letras. Yo rechazo eso y es más, lo combato, llamo a que la gente se exprese correctamente en 140 caracteres y que es posible hacer literatura en ese espacio, es como un crack del fútbol que puede driblear en una baldosa.

¿A quién sigue y quién falta en Twitter?

Yo creo que debo ser el que más lo utiliza, el que más intensamente está presente en la red. Soy el que más veces asoma la cabeza, para que se la vuelen o para que le pongan la aureola.

El que me parece que le da un buen uso a Twitter y me agrada es Harboe. El resto es tan esporádico, tan casuístico y tan sin gracia, que no hay ninguno que me llame la atención.

Yo no soy un ermitaño y Twitter me ha servido para conectarme con los jóvenes, con quienes yo sintonizo en espíritu –muy profundamente- y me permite ser parte de los que tienen como responsabilidad hacer las transformaciones que el mundo necesita para el futuro.

La política dura

¿Cómo ve el panorama político y la guerra interna de la Concertación y la Alianza?

La Concertación a lo largo de su ejercicio del poder, se fue desnaturalizando en sus propósitos esenciales, porque cayó en la trampa tendida por Boeninger y Correa de ejercer el poder desde la institucionalidad de Pinochet y el tiempo fue pasando y los impulsos transformadores, declinando hasta desaparecer. En la última etapa, particularmente, desde el gobierno de Lagos, la Concertación se olvidó por completo de que era una fuerza llamada a modificar la institucionalidad para transformar a la sociedad chilena y empezó a parecerse –como dos granos de arvejas- a la derecha. La gente no es tonta y cayó en cuenta que a esta altura daba lo mismo uno u otro, entonces, dijo: ‘que la derecha finalmente muestre sus cartas. Veamos qué hacen con él’ y en eso estamos.

¿Y qué pasa con su apoyo a ME-O?

ME-O podría tener éxito en su proyecto si no se convierte en un híbrido y empieza a armar un guiso con ingredientes de todos lados.

En el nuevo panorama de los medios de comunicación, que están cubriendo a un gobierno de derecha ¿cómo ve a la Concertación que en 20 años se quedó sin nada?

La Concertación entre sus numerosos desaciertos, en el plano de las comunicaciones vivió la tragedia de dejarse seducir por el ambiguo lenguaje de un Tironi que proclamó un frase que pareció ingeniosa en su minuto, pero que era diabólica en su fondo y dijo que la mejor política de comunicaciones era no tenerla. A partir de ahí la Concertación renunció a generar sus propias formas de llegar a la ciudadanía y quedó sometida al establishment de la derecha y ahora tendrá que pagar muy caro aquel yerro fenomenal.

Sobre la Marihuana…

¿Qué prefiere: peruana o paraguaya?

En ese caso, chilena.

¿Por qué está a favor de la marihuana?

En primer lugar, porque yo creo que con esa muchacha de cabellos verdes se comete un gran injusticia. Es infinitamente menos dañina que el tabaco, que el alcohol y que, en general, todas las drogas legales. Se reprime a todos aquellos que la consumen, pero lo único que se consigue con esa política es fortalecer el imperio de los narcotraficantes, porque a los consumidores de marihuana con los de las drogas duras se les mete en el mismo saco, cosa que es perjudicial para los objetivos que se fijan.

Por otra parte, la marihuana surte un efecto positivo para los enfermos de cáncer, glaucoma y, en general, para atender muchas situaciones de la medicina. Es como el medicamento de los pobres cuando están sufriendo lo indecible por un cáncer y el tratamiento les genera secuelas que no son posibles de atenuar eficazmente con otra cosa que no sea marihuana, eso está probado. Entonces se priva a mucha gente de utilizar estos recursos sólo por prejuicios.

Yo he fumado marihuana, por curiosidad, y me gustaría, si me dan ganas, poder hacerlo sin ningún problema. Me indigna cuando se lee en la prensa que a una persona la estigmatizan por haber sido encontrado en su casa o en sus bolsillos unos pocos gramos de marihuana y me indigna la ignorancia del propio ministerio público para tratar el problema. Van a una casa, encuentran una mata de marihuana y la pesan entera, hasta con raíces y tierra y dicen ‘tantos kilos’, como si pudieran fumarse los tallos, entonces, hay una gran ignorancia en este tema y por otro lado, aquí hay una especie de entendimiento entre represores y reprimidos, entre policías y narcotraficantes: ambos ganan con esta llamada guerra contra de las drogas. Ambos viven de eso y el día en que se las corten, ambos quedan cesantes, hasta los propios narcotraficantes.

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