Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública: Una oportunidad para los ciudadanos
Más allá del saber cuales son los sueldos de los funcionarios públicos, a quienes se paga en honorarios y las relaciones de parentesco de los políticos, esta ley ofrece, como pocas, integración, participación y empoderamiento ciudadano.
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Escrito por Cecilia Ubilla Pérez
El 21 de abril pasado, entró en vigencia la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública, una ley que como pocas, se ha transformado en tema central en reuniones de amigos, conversaciones de pasillos, en las esquinas de calles y en definitiva, ha revolucionado los intereses de todos aquellos que siempre han tenido en alto el interés por saber cuánto gana el “de al lado”.
Sin embargo, más allá del morbo y la arraigada curiosidad de nuestra idiosincrasia – eso de mirar sin ser descubierto-, esta ley se viene a transformar en una oportunidad de hacer valer derechos y ser, asimismo, verdaderos fiscalizadores ciudadanos de cómo el gobierno y los servicios públicos, gastan el dinero de todos los chilenos.
Es claro que existe el interés del parte de las autoridades actuales en lograr el ya famoso concepto de empoderamiento en la ciudadanía. Empoderamiento es, entre otras acepciones, lograr gradualmente la participación de la población en la toma de decisiones de interés público. De ahí, justamente, la relevancia de esta ley y la gran responsabilidad a la que conlleva.
Quedarse en lo superficial de “echar una mirada” a lo que gana el vecino, no es en ningún caso un aporte para el crecimiento de nuestra sociedad. Muy por el contrario, el hacer mal uso de esta ley, demostraría muy a nuestro pesar, que no hemos alcanzando la madurez suficiente para hacernos cargo del desarrollo integral de nuestro país, y que en definitiva, aún nos falta mucho para ser ciudadanos completos.
La Ley de Transparencia y Acceso a la Información Publica es un llamado a la participación activa, a pedir transparencia cuando se sienta que no la hay, a creer en que todos podemos ser parte de un país más limpio y con sanos organismos estatales, pero por sobre todo, esta ley es un compromiso entre gobernantes y la ciudadanía, para mantener una relación más cercana, enriquecedora y por qué no decirlo, educativa, como se espera en una sociedad civil que goza de buena salud.
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